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Ciudad futurista

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El Mundial como activo financiero: ¿inversión o privatización?

  • 31 jul
  • 8 min de lectura

Por:

Eddy Silvera | Asesor Financiero | Panamá



La controversia entre la FIFA y la UEFA ha abierto una discusión que va mucho más allá del fútbol. En el centro del conflicto se encuentra una propuesta que podría transformar la manera en que se financian y administran comercialmente algunas de las competiciones deportivas más importantes del mundo.


La FIFA propone crear una nueva empresa, denominada FIFA Forward Enterprise, que estaría encargada de gestionar las operaciones comerciales y los eventos vinculados con la Copa Mundial y otros torneos organizados por la institución. Esta compañía tendría una valoración estimada de US$20,000 millones y podría vender hasta el 20% de su participación a inversionistas externos, con el objetivo de captar aproximadamente US$4,200 millones. 


La UEFA y sus 55 federaciones afiliadas consideran que la propuesta representa una privatización parcial del Mundial y han anunciado que no participarán en competiciones de la FIFA mientras el proyecto permanezca vigente. La oposición también se ha extendido a otras confederaciones, que han cuestionado tanto el modelo como la manera en que fue presentado.

Sin embargo, reducir este conflicto a una lucha entre “el deporte” y “los negocios” sería una interpretación demasiado sencilla.


La FIFA y la UEFA son organizaciones deportivas, pero también administran grandes modelos comerciales. Ambas generan ingresos mediante derechos de transmisión, patrocinios, licencias, entradas, productos oficiales y acuerdos con marcas globales.


La verdadera discusión no consiste en determinar si es correcto hacer negocios con el fútbol. Esos negocios ya existen. La pregunta más importante es otra:

¿Quién debe participar de la propiedad del negocio, quién aporta el capital y cuánto control puede ceder una organización deportiva a cambio de financiamiento?


Dos organizaciones, dos grandes modelos de negocio


La FIFA administra las principales competiciones internacionales entre selecciones y clubes, mientras que la UEFA controla algunos de los torneos más valiosos del fútbol europeo, incluyendo la Champions League y la Eurocopa.


Ambas organizaciones convierten la atención de millones de aficionados en ingresos comerciales. Los derechos audiovisuales permiten transmitir los partidos internacionalmente; los patrocinadores pagan por asociarse con las competiciones; las ciudades y los estadios reciben visitantes; y las licencias convierten los torneos en productos, experiencias y contenidos disponibles durante todo el año.


Por lo tanto, la UEFA no se opone a que el Mundial genere ingresos. Sus propias competiciones forman parte de una industria multimillonaria.


La diferencia está en que la FIFA estudia permitir que inversionistas privados se conviertan en propietarios minoritarios de la empresa que administraría comercialmente sus torneos. Esto incorporaría un nuevo participante al modelo: el accionista externo.

Hasta ahora, los beneficios generados por las competiciones permanecen dentro de la estructura institucional del fútbol. Con la entrada de capital privado, una parte de esos resultados económicos podría corresponder también a inversionistas cuya participación estaría condicionada por una expectativa de rentabilidad.


Comercialización, inversión y privatización


Estos tres conceptos suelen utilizarse como si significaran lo mismo, pero existen diferencias importantes.

Concepto

Qué representa

Comercialización

Generar ingresos mediante derechos, patrocinios, entradas, licencias y otros productos

Inversión privada

Recibir capital externo a cambio de una participación y de beneficios futuros

Privatización

Transferir total o parcialmente la propiedad o el control de una actividad a inversionistas privados

La propuesta no significa necesariamente que la FIFA esté vendiendo completamente la Copa Mundial. La organización mantendría la participación mayoritaria y sostiene que conservaría el control deportivo y operativo de sus competiciones.


Por esta razón, sería más preciso decir que la FIFA estudia abrir parcialmente al capital privado la estructura empresarial encargada de administrar el negocio comercial de sus torneos.

No obstante, la entrada de un accionista externo sí produciría un cambio importante: parte del valor económico y de los ingresos futuros de las competiciones estaría asociada a una inversión privada.


¿Por qué buscar inversionistas si el Mundial ya es rentable?


Esta es una de las preguntas centrales de la controversia.

La FIFA argumenta que el capital obtenido permitiría acelerar el desarrollo del fútbol, financiar infraestructura y aumentar los recursos distribuidos entre sus 211 federaciones. Según la organización, el proyecto busca aprovechar oportunidades comerciales que todavía no han sido desarrolladas completamente.


Desde una perspectiva empresarial, la operación tendría lógica: la FIFA convertiría una parte de sus ingresos futuros en capital disponible inmediatamente.


Es similar a lo que ocurre cuando una empresa rentable vende una participación minoritaria para financiar su expansión. El negocio no necesariamente se encuentra en dificultades; puede estar buscando recursos para crecer más rápido, desarrollar nuevas líneas de ingresos o ingresar a otros mercados.


Sin embargo, los críticos cuestionan la necesidad de buscar financiamiento externo después de la celebración del Mundial más rentable de la historia. También han señalado la falta de consulta previa y el corto plazo otorgado a las federaciones para evaluar una decisión con consecuencias de largo alcance. 


La controversia, por tanto, no depende únicamente de cuánto dinero podría captar la FIFA. También plantea interrogantes sobre gobernanza, transparencia y necesidad financiera.


¿Qué obtiene un inversionista?


Un fondo de inversión no aportaría miles de millones de dólares únicamente por respaldar el crecimiento del fútbol. Su objetivo sería participar del valor económico que podrían producir las competiciones durante los próximos años.


El atractivo resulta evidente: la Copa Mundial es una marca global con una audiencia extraordinaria, una oferta limitada y una demanda que trasciende fronteras, idiomas y ciclos económicos.


Además de los ingresos tradicionales, existen oportunidades relacionadas con:


  • Nuevos acuerdos audiovisuales y plataformas digitales.

  • Patrocinios internacionales.

  • Comercio electrónico y productos oficiales.

  • Contenido exclusivo y experiencias para aficionados.

  • Expansión de competiciones existentes.

  • Nuevos formatos comerciales y tecnológicos.

  • Explotación de datos, licencias y propiedad intelectual.


Desde la perspectiva del inversionista, no se trataría simplemente de financiar un torneo. Se trataría de adquirir una participación en un activo global con capacidad para producir ingresos recurrentes durante muchos años.


Capital inmediato a cambio de ingresos futuros

La estructura puede compararse con una empresa familiar muy rentable.

La familia conserva el 80% del negocio, pero vende el 20% a un fondo para obtener capital y acelerar su crecimiento. Continúa siendo la accionista mayoritaria, aunque ahora debe compartir información, beneficios y determinadas decisiones con un nuevo socio.


La ventaja es la disponibilidad inmediata de recursos. El riesgo consiste en comprometer una parte del valor que la empresa podría producir en el futuro.


En el caso de la FIFA, captar alrededor de US$4,200 millones permitiría financiar proyectos de manera inmediata. A cambio, los inversionistas esperarían recuperar su capital y obtener una rentabilidad mediante las ganancias futuras de la nueva empresa.


La pregunta financiera sería si el valor que podría generar ese 20% durante las próximas décadas terminaría superando considerablemente el capital recibido hoy.


Esta es una evaluación común en fusiones, adquisiciones y operaciones de capital privado: obtener liquidez en el presente puede acelerar el crecimiento, pero también implica renunciar a una parte de los beneficios futuros.


Tener la mayoría no significa decidir sin condicionamientos

La FIFA ha señalado que conservaría el control porque mantendría al menos el 80% de la nueva empresa. En términos de propiedad, seguiría siendo el accionista mayoritario.

Sin embargo, el porcentaje de participación no explica por sí solo cómo se distribuiría el poder.

Los contratos de inversión pueden conceder a los accionistas minoritarios representación en la junta directiva, acceso a información financiera, derechos de veto o capacidad para intervenir en decisiones consideradas fundamentales.


Por eso, la discusión no puede limitarse a preguntar qué porcentaje vendería la FIFA. También sería necesario conocer:


  • Qué derechos recibirían los inversionistas.

  • Cómo se distribuirían los beneficios.

  • Qué decisiones requerirían aprobación conjunta.

  • Durante cuánto tiempo permanecería vigente la participación.

  • Si existiría la posibilidad de venderla posteriormente.

  • Qué mecanismos protegerían la independencia deportiva.


Sin conocer esas condiciones, resulta difícil determinar cuánto control conservaría realmente la FIFA y cuánto estaría compartiendo con sus nuevos socios.


El riesgo de convertir el Mundial en un producto de inversión


La entrada de capital privado no es necesariamente negativa. Puede aportar financiamiento, experiencia administrativa, innovación y disciplina empresarial.

Sin embargo, también introduce una presión adicional: generar rentabilidad para los accionistas.


Cuando un inversionista adquiere una participación valorada en miles de millones, espera que el negocio crezca. En el fútbol, ese crecimiento podría buscarse mediante más partidos, torneos de mayor duración, ampliación del número de participantes, nuevos espacios publicitarios o precios más altos.


También podría aumentar la atención sobre los mercados con mayor capacidad de consumo, aunque no sean necesariamente aquellos con mayores necesidades de desarrollo deportivo.

El riesgo no consiste únicamente en que los inversionistas participen de los beneficios. Consiste en que la obligación de producir retornos termine influyendo en decisiones que deberían considerar igualmente a jugadores, clubes, federaciones y aficionados.


La experiencia del capital privado en otras industrias demuestra que el financiamiento puede acelerar la expansión, pero también puede modificar las prioridades de una organización.


La gobernanza puede ser tan importante como la valoración


Una de las críticas más fuertes no está relacionada directamente con la inversión, sino con el proceso utilizado para presentar la propuesta.


UEFA, Concacaf y la Confederación Asiática cuestionaron la falta de consulta previa. Las 55 asociaciones europeas votaron a favor de boicotear las competiciones de la FIFA mientras el proyecto continúe vigente, y Concacaf también expresó su rechazo. 


Carlos Cordeiro, asesor de Gianni Infantino y antiguo ejecutivo del sector financiero, renunció en protesta y calificó el proyecto como perjudicial para el futuro del fútbol. La FIFA respondió que continuará el proceso de consulta, pero indicó que la nueva empresa no sería creada sin el respaldo mayoritario de sus asociaciones afiliadas. 


Este punto resulta relevante para cualquier inversionista: incluso una operación financieramente atractiva puede perder legitimidad si las partes interesadas consideran que no fueron consultadas o que la información disponible es insuficiente.


La transparencia, el gobierno corporativo y la aceptación institucional también forman parte del valor de un activo.


¿Modernización o pérdida de control?


Las dos posiciones tienen argumentos que merecen ser analizados.

Desde la perspectiva de la FIFA, la entrada de capital privado podría permitir aprovechar mejor el potencial económico de sus competiciones, distribuir más recursos y acelerar el desarrollo del fútbol en mercados con menor capacidad financiera.


Desde la posición de la UEFA, el Mundial representa un patrimonio deportivo construido durante generaciones y no debería quedar condicionado por los intereses de accionistas externos.


Pero existe también un componente estratégico. FIFA y UEFA compiten por calendarios, audiencias, patrocinadores, influencia institucional y valor comercial. Ambas defienden el deporte, pero también protegen sus respectivas posiciones dentro de una industria global.

Por eso, la controversia no enfrenta simplemente una visión comercial con otra puramente deportiva. Enfrenta dos modelos de administración del negocio:


  • Uno que busca incorporar capital externo para financiar expansión.

  • Otro que prefiere mantener la propiedad y los ingresos dentro de las instituciones tradicionales del fútbol.


Una discusión que trasciende las canchas


El fútbol profesional dejó de ser solamente un espectáculo deportivo hace mucho tiempo. Hoy es una industria global formada por marcas, derechos, audiencias, activos y contratos comparables con los de grandes corporaciones.


La propuesta de la FIFA evidencia que incluso una competición histórica como el Mundial puede ser valorada como un activo financiero. Pero también demuestra que ponerle precio a un activo no resuelve automáticamente quién debería ser su propietario ni cómo tendría que administrarse.


La entrada de inversionistas podría generar más recursos, innovación y crecimiento. Al mismo tiempo, podría comprometer ingresos futuros, introducir nuevas presiones comerciales y reducir la autonomía de las instituciones deportivas.


Por eso, la pregunta no es si el fútbol debe hacer negocios. FIFA, UEFA, clubes, federaciones y patrocinadores llevan décadas haciéndolos.


La verdadera pregunta es quién debe participar de esos negocios, bajo qué condiciones y cuánto control está dispuesto a ceder el fútbol a cambio de capital.

La respuesta no definirá únicamente el futuro financiero de la Copa Mundial. También podría establecer un precedente sobre quién será propietario de los grandes activos deportivos de las próximas décadas.

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