Perspectivas económicas globales y panorama de negocios regional hacia 2026
- Eddy Silvera

- hace 1 día
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Por:
Eddy Silvera | Asesor Financiero | Panamá

En el marco de la reciente conferencia organizada por AV Securities, líderes empresariales e inversionistas de la región se reunieron para analizar las perspectivas económicas globales y el panorama de negocios regional hacia 2026. Más allá de los titulares de mercado, la discusión se centró en cómo traducir un entorno marcado por volatilidad, cambios políticos y ajustes monetarios en decisiones financieras y empresariales concretas.
Bajo una moderación orientada a conectar el entorno macroeconómico global con la realidad económica de la región, la conversación puso énfasis en la toma de decisiones informadas y en la disciplina estratégica, más que en la búsqueda de predicciones de corto plazo. El análisis integró dos dimensiones complementarias: por un lado, el contexto macroeconómico global y el comportamiento de los mercados; y por otro, el impacto de estas variables sobre el entorno de negocios en Centroamérica.
Galería de fotos de la conferencia.
Volatilidad y resultados finales del mercado
Los mercados financieros suelen recordarse por sus resultados finales, pero rara vez por el recorrido emocional y estratégico que implicaron. El último año es un ejemplo claro de esta desconexión entre la “foto final” y el proceso real que enfrentaron inversionistas, empresas y gobiernos.
A pesar de que los principales índices bursátiles cerraron con retornos positivos —con el S&P 500 alrededor de +18%, el Nasdaq cerca de +21% y los bonos con rendimientos próximos al 7%—, el camino estuvo marcado por una volatilidad extrema.
En abril, los mercados llegaron a caer cerca de 18% en medio de un entorno de elevada incertidumbre, para luego recuperar terreno con igual intensidad. Este comportamiento dejó una volatilidad cercana al 40%, recordando que los resultados agregados suelen ocultar decisiones difíciles y errores inevitables.
Política monetaria y tasas de interés en Estados Unidos
Tras más de una década posterior a la crisis financiera de 2008 con tasas cercanas a cero, la inflación obligó a la Reserva Federal a ejecutar el ciclo de alzas más agresivo de su historia reciente, llevando la tasa de referencia hasta aproximadamente 5.5%.
Hoy, con la inflación claramente desacelerada, la política monetaria ha entrado en una fase de normalización. Tras varios recortes graduales, la tasa se sitúa en un rango cercano a 3.5%–3.75%. Este proceso se ha dado sin provocar una recesión severa, un resultado poco común considerando la magnitud del ajuste previo.
La inflación, que llegó a rozar el 9%, se ha reducido hasta niveles cercanos al 2.7%, aproximándose al objetivo de largo plazo de la Reserva Federal. Al mismo tiempo, el desempleo se mantiene alrededor del 4.6%, consistente con un escenario de pleno empleo, mientras el crecimiento del PIB ronda el 2%, un ritmo sólido para una economía del tamaño de Estados Unidos.
Riesgos estructurales: deuda y déficit fiscal
Si bien el ciclo económico muestra resiliencia, el principal foco de atención se encuentra en el frente fiscal. Estados Unidos acumula una deuda pública cercana a los 38 trillones de dólares frente a un PIB aproximado de 32 trillones, lo que implica una relación deuda/PIB cercana al 124%.
El déficit fiscal anual, alrededor de 1.7 trillones de dólares, comienza a generar presión estructural sobre los mercados, especialmente considerando que el gasto en intereses se aproxima al presupuesto de defensa. Aunque este desequilibrio no representa un riesgo inmediato de crisis, sí constituye una fuente relevante de volatilidad y posibles ajustes en la valuación de activos a mediano plazo.
Mercado de bonos y activos refugio
En el mercado de renta fija, la curva de rendimientos se ha normalizado. Los bonos de corto plazo rinden cerca de 3.5%, los de 10 años alrededor de 4% y los de mayor plazo algo más, reflejando expectativas de inflación más estables y menor presión monetaria.
Paralelamente, el oro y otros metales han mostrado un desempeño excepcional. Este comportamiento responde a factores geopolíticos, compras sostenidas por parte de bancos centrales y un cuestionamiento creciente sobre el dólar como único activo refugio global.
Concentración del mercado y liderazgo tecnológico
Uno de los rasgos más llamativos del mercado actual es la elevada concentración sectorial. Siete grandes empresas tecnológicas —Nvidia, Meta, Tesla, Amazon, Google, Apple y Microsoft— explican cerca del 50% del avance del S&P 500. En conjunto, su capitalización supera los 22 trillones de dólares, una cifra mayor que el tamaño completo de mercados como el alemán o el británico.
La evolución histórica del top 10 del S&P 500 recuerda que ninguna tendencia es permanente. Sectores como energía, consumo y servicios dominaron en el pasado antes de ceder su lugar a la tecnología. Solo Microsoft ha logrado mantenerse entre las líderes durante dos décadas, reforzando la importancia de la diversificación incluso en contextos de aparente consenso.
Aranceles, comercio y expectativas hacia 2026
El entorno comercial también ha cambiado. Las tarifas promedio de Estados Unidos han aumentado desde niveles cercanos al 2% hasta casi 18%, aunque sectores estratégicos como tecnología, semiconductores e inteligencia artificial han quedado relativamente al margen.
De cara a 2026, se espera que la Reserva Federal realice uno o dos recortes adicionales de tasas. Sin embargo, la política fiscal, la desregulación y la geopolítica seguirán siendo fuentes relevantes de incertidumbre y volatilidad para los mercados.
Finanzas conductuales y disciplina del inversionista
La historia del mercado es consistente: pese a guerras, pandemias y crisis financieras, la mayoría de los años el S&P 500 cierra en terreno positivo. Los datos confirman que el éxito del inversionista no depende del “timing del mercado”, sino del “tiempo en el mercado”.
Mantener una estrategia alineada al perfil de riesgo y sostener la inversión en el tiempo reduce drásticamente la probabilidad de pérdidas estructurales, incluso en entornos de alta volatilidad.
Centroamérica: crecimiento económico con desafíos latentes
Desde la perspectiva regional, Centroamérica muestra un crecimiento económico superior al promedio de América Latina y muy por encima de Europa. Guatemala se consolida como la mayor economía de la región, con un dinamismo notable en el sector construcción, mientras que en otros países la intermediación financiera, la logística, la manufactura y la minería explican gran parte del crecimiento reciente.
Los niveles de deuda pública se mantienen relativamente contenidos y el riesgo país ha mejorado, especialmente en El Salvador, reflejando avances en el control del déficit fiscal. Esto se traduce en un menor costo de capital para gobiernos y empresas.
No obstante, persisten riesgos institucionales. En varios países se observa una elevada concentración de poder y una débil renovación política. En Panamá, las tensiones sociales recientes, particularmente en torno a la minería, han tenido costos económicos relevantes que han afectado el consumo interno.
Un rasgo común en la región es el consumidor agobiado. Aunque la inflación está controlada e incluso algunos países registran episodios de deflación, el crédito de consumo se ha desacelerado, reflejando una menor capacidad de endeudamiento de los hogares. La región exhibe características de una “economía K”: los segmentos corporativos y de mayores ingresos se mantienen dinámicos, mientras la clase media enfrenta mayores restricciones.
Conclusión: un año bisagra en un entorno VUCA
La conferencia dejó claro que 2026 se perfila como un año bisagra. Existen crecimiento económico, inflación controlada y estabilidad financiera, pero también riesgos políticos e institucionales que no pueden ser ignorados. En un entorno VUCA —volátil, incierto, complejo y ambiguo—, la fortaleza macroeconómica no garantiza estabilidad si no va acompañada de instituciones sólidas y políticas que atiendan el desgaste social.
Para inversionistas y empresas, el desafío no será anticipar cada movimiento del mercado, sino construir estrategias resilientes que integren análisis global, lectura regional y disciplina financiera.




































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